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Cómo ayudan las terapias de vidas pasadas


Artículo tomado de Espiriutalidad Diaria

La terapia de vidas pasadas sirve para buscar el verdadero origen del síntoma, como en este caso una fobia, en contraposición a las terapias convencionales de años y años de tratamiento, las que no llegan a la verdadera raíz, ya que la misma simplemente está en otra vida.

Magui es una joven de 21 años, que viene a la consulta, luego de acudir a otros profesionales de la salud mental, con quienes no encontró una solución a este tipo de fobia poco convencional:  tener miedo a todo tipo de imagen ya sea un cuadro, una estatua, una figura, etc. Este síntoma se llama “automatafobia”, o sea es fobia a todo lo que represente una forma real, no pudiendo separar la realidad del arte. Comenta la paciente, no dominar la situación, pierde el control, se paraliza, siente que morirá, cada vez que ve una imagen, pero tampoco puede dejar de mirarla. Paradójicamente ama el arte, de hecho estudia diseño. Desde los tres años no puede ver imágenes en la iglesia. Nunca aprendió cosas de arte y sin embargo ella las sabe.

Comienza la regresión mirando el piso de madera, un atril con lienzo blanco, ventanas. Ella tiene puesta una blusa blanca, pollera marrón, pelo oscuro atado largo, regordeta. Trabaja en ese lugar, lo limpia, es la criada. No hay nadie en ese momento, tiene suecos de madera y pañuelo blanco en su cabeza. Comenta que se llama Ana, está sola, hay patos y les da de comer, dice que es Holanda, hay un molino, tiene 23 años. “El dueño de la casa me habla, me trata muy bien”. De repente veo humo- comenta-, se incendia la cocina, queme todo, deje una olla…, se incendia toda la casa! Por supuesto la culpa la domina.“Me escondo en la calle, me escapo! Dice: “Me dan trabajo en otro lado y saben lo que hice, por eso me maltratan, me ignoran. El hombre, mi patrón, me quiere como mujer, me viene a buscar, me dice que ya reciclo la casa, me perdona, pero yo desconfío de él. Los artistas son así, me da miedo, que me use”. Escondida vuelve a la casa, el dueño no está, los patos están bien. Va al atelier. “Hay pinturas que me dan miedo, de naturaleza muerta. De repente veo un cuadro mío, estoy yo dibujada se llama “La lechera”, no me gusta estar ahí! No quiero que me pinte! No entiendo… hay una parte mía que está ahí! Me roban la identidad y yo queme una casa! Debo decirle que tire esa pintura, porque aunque no quiera el me tiene ahí. Yo no importare tanto al que vea el cuadro, pero la pintura seguirá siempre. No puedo romperla porque se enojara y me meterán presa. No puedo hacer lo que yo quiero, UN OBJETO ME DOMINA! Llegada la noche lloro, tengo tanta vergüenza, culpa que, me quedo en la calle, con frío y me dejo morir. Pero con ese cuadro no termino de morir, con ese cuadro quede manchada!”

Apenas cinco días después de la sesión, Magui contenta, me llama comentando que dejo de tenerle miedo a los objetos. Su abuela tiene una estatua en la casa, a la que jamás se pudo acercar y esta vez no le volvió a suceder tal miedo.

Por otra parte dice que el cuadro de “La lechera” existe y que es el retrato de ella en esa vida. El hombre es Johannes Vermeer, el pintor existió y fue en Holanda del 1600. A veces los pacientes registran en su memoria, fechas, lugares, ropajes y buscando esa información en Internet encuentran tal cual las imágenes, reviviendo esa vida y sobre todo confirmando datos.

Este comentario va más que nada, para la gente que no cree en este trabajo. Los recuerdos de otras vidas están inscriptos en nuestra memoria celular, en nuestro A.D.N.

Maga me envía este mensaje luego de su sesión que me envió por mail unos meses después. Lo copie tal cual: “La sesión me cambio por completo en mi manera de ver el mundo. Instantáneamente sentí que me había liberado de un peso muy grande que cargaba sin ser consciente de ello. Después me llevó un tiempo poder asumir lo que había pasado y los cambios que tenía que empezar a hacer. Volví despacio pero con seguridad al Museo Nacional de Bellas Artes y parecía que nunca hubiera estado antes en ese lugar, a pesar que había ido allí varias veces. Pude ver por primera vez las hermosas obras y me emocione por su belleza hasta ese momento desconocida. Me di cuenta que sobredimensionaba el tamaño real del lienzo y que los cuadros no eran de cinco metros, sino de dos metros en la mayoría de los casos. Puedo entrar en las iglesias sin sentir un pavor insoportable y sentarme tranquilamente a rezar.  Puedo estudiar arte con mayor precisión y buscar imágenes en Internet y en libros sin que se me acelere el corazón. Pude ir al cementerio de Recoleta, sin sentir que las estatuas eran amenazadoras. Las últimas veces que había frecuentado esos lugares sentía que me estaba muriendo. Después de una sola sesión me es posible manejar el pánico, pero lo más importante es que puedo disfrutar del arte que es mi pasión en la vida. Es imposible explicarlo con palabras. Voy a estar agradecida por el resto de mi vida”

La terapia de vidas pasadas, sirve para buscar el verdadero origen del síntoma, como en este caso una fobia, en contraposición a las terapias convencionales, de años y años de tratamiento que nunca llegan a la raíz verdadera, ya que la misma simplemente, esta en otra vida.

Por eso es tan efectivo este trabajo, en una sola sesión en este caso, Magui curo su fobia. Al hacer consciente ese trauma, que está escondido en el alma, o en el inconsciente, al revivirlo y liberarlo, viene  la sanación inmediata. Así funciona, sin racionalizar ni interpretar nada, solo con sentir y revivir esas emociones que afectan la vida actual, se trasmutan. Por lo tanto definitivamente se rompe con los mandatos, creencias y patrones erróneos de conducta que traemos de vidas pasadas, para no repetirlos más en esta encarnación.


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