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El alma de los animales


Si dejamos de lado los preceptos religiosos, podemos ver que los animales son entes formados básicamente con los mismos elementos que nosotros los seres humanos, lo cual los dota de cuerpo, una energía elemental que mueve sus vidas…y ¿por qué no un alma también?

El hecho de que el ser humano sea un ente racional no exime a los animales para poseer un espìritu tan solo por el hecho de no tener una mente y un razonamiento como el nuestro.
 
Existen muchos registros que aducen experiencias fantasmales con animales, es decir, que luego de muertos, su espíritu o energía básica transita por nuestra dimensión, tal como afirmamos que ocurre con muchos de los humanos cuando fallecen.

Muchas religiones no aceptan que los animales puedan tener alma, razón por la que se  considera inaceptable su presencia en la otra vida, sin embargo la explicación nunca ha sido defendida con argumentos decisivos, lo cual nos lleva a mantener la posibilidad de que cualquier animal no sólo tiene alma, sino que hasta tal vez en su interior se encuentre reencarnada el alma de algún ser humano en vida pasada.

Si revisamos las costumbres de las culturas antiguas, veremos que en muchos rituales los animales estaban siempre relacionados directamente con la muerte, y en muchos casos, algunos eran los encargados de guiar a los muertos hacia su destino final.
Hoy en día, es casi unánimemente aceptado el hecho que todos los seres vivientes poseen una energía vital, y a decir de la misma ciencia: ‘la energía no se destruye, sólo se transforma’. Entonces, ¿por qué no pensar que la energía que contienen los animales, así como nosotros los humano, pueda transformarse y renovarse en un nuevo ser?

¿Esto es el alma? ¿Es energía? Ciertamente eso no se sabe aún. Entonces mientras no se tengan todas las respuestas a nuestra propia existencia difícilmente podremos tener ideas precisas sobre la de otros seres vivientes en el mundo.