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Cómo liberarnos del Karma


Es una palabra que proviene del sánscrito, que es una lengua clásica hindú, una de las 22 lenguas oficiales de India, sin embargo, el término ha trascendido sus fronteras y ha influenciado para bien o para mal a las personas con inclinaciones espirituales.

Sánscrito significa "perfectamente hecho" o "completamente hecho".

Karma significa: "acción". Erróneamente se tradujo como causa y de allí­ derivó en causa y efecto.

Cuando llegan las primeras noticias de las prácticas orientales a occidente se ven como asuntos misteriosos mezclados con mucho marketing. Ocurrió con la cultura china, hindú, japonesa.

Entre todo ello se interpretó que todos los males de la humanidad se deben a como se ha actuado en las vidas anteriores. Todo mal congénito, cualquier deficiencia o pobreza, se le atribuye al karma, al castigo divino por lo mal que nos hemos portado en vidas pasadas. A contraparte, si tenemos suerte, se debe a que nos hemos portado bien anteriormente.

Cuando Newton descubre la ley de causa y efecto se refirió a eventos puramente mecanicistas, es decir para sistemas de referencia inerciales. El ser humano no forma parte de este sistema.

"Por cada fuerza que actúa sobre un cuerpo, éste realiza una fuerza igual pero de sentido opuesto sobre el cuerpo que la produjo. Es decir: Las fuerzas siempre se presentan en pares de igual magnitud, sentido opuesto y están situadas sobre la misma recta". Esta es la tercera ley de Newton.

A toda causa existe un efecto.

Sin embargo, con la fí­sica cuántica, esto ya ha quedado desvirtuado totalmente. Las causas no necesariamente producen efectos y ni los efectos tienen sus causas necesariamente. El universo nunca fue tan libre. Pero, esta libertad tiene sus marcos, sus lí­mites.

Cada ser humano es diferente a otro, ya que el marco, que lo da el momento del nacimiento lo dirige hacia aspectos que puede poseer o no.

Cada persona es un mundo diferente y es parte de la cadena evolutiva espiritual que se genera en una vida.

Nosotros en esta encarnación ya hemos muerto varias veces. El cuerpo de bebé murió y se transformó en niño. El niño volvió a morir y se transformó en el cuerpo de un adolescente, luego en adulto. Por supuesto, que es uniforme la vida de todas las células del cuerpo, existen algunas que viven tan sólo 5 dí­as como las células epiteliales del aparato digestivo. Las glóbulos rojos alcanzan a recorrer 1,500 km y viven 120 dí­as, cuando terminan eliminadas en el bazo.

El hí­gado el gran desintoxicante, tiene células con vida entre 300 a 500 dí­as. Los huesos se renuevan permanentemente.

Aparentemente las que duran toda la vida son las células del lente del ojo, las células musculares del corazón y las neuronas del córtex cerebral.

Así­, nuestros cuerpos van muriendo, pero el Yo permanece siendo el mismo. Vamos reencarnando permanentemente.

Ahora bien. Si el karma es considerado un castigo o premio. No tiene mucho sentido si casi nadie recuerda el porque ha sido castigado. Las investigaciones efectuadas de muy pocos casos de recuerdos de vidas pasadas no son muy concluyentes y frecuentemente obedecen a idiomas escuchados en la niñez, lecturas o cuentos en alguna etapa de la vida.

La creencia en la reencarnación es parte de la mayorí­a de religiones en los cinco continentes.

Sin embargo, se tiene que establecer que karma y reencarnación son cosas relacionadas, pero muy distintas.

La reencarnación es simplemente la ocupación de otro cuerpo material.

Ya se ha demostrado que estamos formados de parte material y parte energética. Esta parte energética tiene un sinnúmero de especulaciones, denominaciones y teorí­as taoí­stas, religiosas, espirituales, filosóficas y de todo tipo.

Por la parte taoí­sta felizmente nos ha dado un sistema de medicina como es la acupuntura que se basa en la energí­a del cuerpo y los chings o canales, ví­as o sistema energético.

Otros le pueden llamar alma, espí­ritu, cuerpos etéricos, etc.

Lo cierto es que es un tipo de energí­a que se puede medir, armonizar, conducir. Es decir existe la energí­a en el cuerpo humano.

La diferencia entre una persona viva y otra muerta es la energí­a activa en su cuerpo, que la tiene o no la tiene. El cuerpo puede estar intacto, pero no hay vida, no hay energí­a activa. 

Si existe energí­a pasiva, por llamarla de alguna manera, en una persona fallecida por ello continua la transformación quí­mica tanto de crecimiento de cabello, uñas y la descomposición que es un tipo de transformación. Esta energí­a activa, por darle una denominación, cuando alguien muere, ¿A dónde se va?. ¿Qué ocurre con esta energí­a, alma, espí­ritu?.

Se sabe que la energí­a no se destruye ni se produce, sólo se transforma. Yo tengo mis propios conceptos, que no es parte del tema en este momento y pienso que debe reencarnarse de acuerdo a su potencia alcanzada en esta vida y debe volverse alojar en otro cuerpo que sea afí­n a dicha potencia, pero ya me extenderé cuando me refiera al tema en profundidad en este extremo.

Independientemente de las ideas que se nos pueden ocurrir, es que esta energí­a es susceptible de ser manejada. De esta energí­a depende en mucho lo que podamos lograr o no en esta vida.

He visto como el manejo de la energí­a a través del chi kung, yoga, tantra, programación mental, meditación, acupuntura, homeopatí­a, todas estas herramientas energéticas, han cambiado radical y diametralmente a tanta gente.

El miedo, traumas, liderazgo, timidez, carácter, entre otros muchos, son un karma, un limitante. La apariencia fí­sica es otro limitante. El aprendizaje, dificultad para expresarse, torpeza, todo se puede superar.

Lo único que hace falta es la voluntad. Si la persona quiere, se puede superar. El mal llamado karma, se puede superar. Hasta cuánto el mapa astral lo permita. Eso si es una limitante. No un fatalismo, sino nuestros lí­mites. Todos tenemos lí­mites.

Pero, podemos trascender el karma y permanecer siempre en lo mas alto de nuestras predisposiciones. Esos famosos 15 minutos de gloria que todos tenemos en nuestras vidas, se pueden prolongar, estabilizar y que permanezcan la mayor parte de nuestras vidas.

Con lograrlo se habrá superado todo fatalismo, karma, mala suerte.

Todos tenemos abismos y cumbres en nuestras vidas. El vencer el karma es permanecer en la cumbre o siempre cercanos a ella.