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La Importancia de la Oración, mas allá del contacto con Dios


La eficacia de la oración no consiste en que Dios cambie su voluntad para hacer la nuestra, sino en que nosotros conformemos nuestra voluntad a la suya. De ahí, que todas nuestras peticiones deben estar condicionadas al plan salvífico de Dios, deben integrarse en la búsqueda del Reino de Dios: "Buscad primero el Reino y su justicia y todas esas cosas se os darán por añadidura" (Mt 6,33).
 
Nuestra oración es eficaz cuando nos ayuda a convertirnos al Reino de Dios, cuando nos hace más cristianos, cuando permitimos que el Espíritu de Cristo nos habite más profundamente y nos haga gritar con más fe: "¡Abba, Padre!"
 
Si la oración no me lleva, de alguna manera, aunque sea en grado mínimo, a tomar conciencia del amor que me une al Padre en Cristo con el Espíritu, esa oración no alcanza en mí su verdadera eficacia. Si después de la oración yo no soy de alguna manera diferente de lo que era antes, si la oración no me ha ayudado a tomar conciencia de lo que soy para Dios y de lo que Dios es para mí; si no me hace descubrir con más fe mi dependencia, mi creaturalidad, mi necesidad de Dios, si no me descubre con más luz el amor apasionado con que Dios espera mi conversión... esa oración, por sí sola, sin nosotros, sin nuestra conversión, no da gloria a Dios.
 
Esto no quiere decir que no debamos pedir a Dios cosas muy concretas para nuestra vida. La comunidad cristiana lo ha hecho continuamente. Sabe-mos que si son para nuestro bien Dios nos las concederá, pues como dice san Agustín, "Dios está más deseoso de conceder que nosotros de recibir" (Serm. 105 P.L. 38, 619).
 
Algunos han creído que si Dios nos concede lo que nosotros le pedimos, Dios perdería su autonomía y su libertad divina. Entonces se olvida algo que nunca debemos olvidar: que la verdadera oración es ella misma un don de Dios, actividad del Espíritu que habita en nosotros, nos olvidamos que "en El vivimos, nos movemos y existimos" (Hch 17, 25), que estamos totalmente inmersos en Dios. La oración que hacemos con fe a Dios siempre es escuchada aunque la respuesta de Dios no responde necesariamente a nuestra petición sino a nuestra necesidad.

Se logró demostrar, mediante el mismo, que la oración no sólo es buena, sino que realmente es eficaz en el proceso de curación de la enfermedad.  No obstante, los médicos desean encontrar una explicación científica a este fenómeno, y no la hallan.
 
Este experimento tuvo lugar en un hospital de Kansas Cityy los resultados fueron publicados en una importante revista de laAsociación Médica de Estados Unidos.  En el proceso de esta experienciase trabajó con 990 pacientes que ingresaron a unidad coronaria durantedoce meses.  Los médicos separaron a los mismos en 2 grupos.  Un gruporecibió la asistencia médica habitual y nada más.  Al otro grupo, encambio, se le agregó el efecto de la oración intercesora.  Los intercesores voluntarios,75 personas, oraron cuatro veces al día durante 28 días.  Ninguno deellos conocía a los pacientes y los pacientes no estaban enterados deque había un grupo, que con su oración intercesora, estaba obrandoespiritualmente a su favor.
 
Durante toda esta experiencia, los cardiólogos que atendían a los pacientes, elaboraron una planilla de controldonde figuraban los tratamientos e intervenciones que requirieron cadauno de los 990.  Al finalizar todo el estudio, pudo comprobarse que elgrupo de pacientes que fue afectado por las oraciones intercesoras tuvomenos intervenciones médicas que el otro grupo que no gozó del invalorable beneficio espiritual.
 
¿Cuál es el secreto?... El poder benéfico de la oración de fe al Dador de la Vida. El conoce al dedillo cómo estamos hechos, como que El nos formó.  Esto no significa desmerecer el loable trabajo de los médicos.  Significa que fe y ciencia bien pueden ir de la mano y lograr resultados sorprendentes en las personas.  Cuando el ser humano logra colocar a Dios en su lugar, todo lo demás se acomoda maravillosamente bien.  Es cuestión de que extendamos un poco más seguido las manos hacia el cielo.  Y yo diría que sería muchísimo mejor no esperar a tener una insuficiencia coronaria para hacerlo.


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