El cuidado del Alma


El cuidado del alma es una forma fundamentalmente diferente de considerar la vida diaria y la búsqueda de la felicidad. No se pone el énfasis de ninguna manera en los problemas. Una persona podría cuidar de su alma comprando o alquilando una gran extensión de tierra, otra seleccionando una buena escuela o un programa de estudios adecuado y otra pintando su casa o su dormitorio.
 
El cuidado del alma es un proceso continuo que tiene que ver, más que con la "reparación" de algún fallo básico, con la atención que se presta tanto a los pequeños detalles de la vida cotidiana como a las decisiones y cambios más importantes.
 
El cuidado del alma puede no estar centrado en modo alguno con la personalidad o en las relaciones, y por consiguiente, no es psicológico en el sentido habitual del término. Ocuparnos de las cosas que nos rodean y darnos cuenta de la importancia del hogar, de los horarios cotidianos e incluso quizás de la ropa que usamos, también son maneras de cuidar el alma.
 
Cuando Marsilio Ficino escribió su libro de autoayuda "El libro de la vida" hace 500 años, puso el énfasis en la cuidadosa elección de colores, especias, aceites, lugares para caminar, países que visitar... todas decisiones muy concretas de la vida cotidiana, que día tras día se constituyen en apoyo o en una perturbación para el alma.
 
Pensamos en la psique, si es que alguna vez pensamos en ella, como en una prima del cerebro y por lo tanto como algo esencialmente interno. Pero los psicólogos de antaño enseñaban que nuestra alma es inseparable del alma del mundo y que se las encuentra a las dos en la multiplicidad de las cosas de que se componen la naturaleza y la cultura.
 
El objetivo del cuidado del alma no es una vida libre de problemas, sino una vida con la profundidad y el valor que provienen de la plenitud del alma. A su manera plantea un desafío mucho mayor que el de la psicoterapia, porque tiene que ver con el cultivo de una vida abundantemente expresiva y llena de sentido, tanto en el hogar como en la sociedad. También es un reto porque nos exige imaginación a cada uno de nosotros. En el cuidado del alma, nosotros mismos tenemos tanto la tarea de organizar nuestra vida y darle forma para el bien del alma.
 

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