Sanación: La Desmagnetización del Cuerpo Humano


Existe una nueva teoría que puede ayudarnos a realizar un profundo cambio en nuestras vidas y para nuestra salud. Y se basa que todos los cuerpos poseen la propiedad susceptible de ser magnetizados, en mayor o menor grado y para curar las enfermedades, es necesario provocar la desmagnetización del sistema nervioso. Es decir, un cuerpo magnetizado pierde sus propiedades naturales, ya no se halla en un estado neutro y se comporta de manera diferente.

Un ejemplo que ilustra a la perfección este fenómeno es el de las espirales de los relojes; éstos pueden volverse ‘locos’ después de estar sometidos a campos magnéticos exteriores. Para que ese reloj pueda volver a la normalidad, los relojeros disponen de equipos que permiten desmagnetizar las espirales. De igual forma, el sistema del hombre actúa de manera semejante, y en este caso su magnetización provoca el desequilibrio del organismo, como consecuencia los nervios interfieren de manera negativa sobre todos los “engranajes” del cuerpo.
 


Para proceder a estas desmagnetizaciones del sistema nervioso pueden utilizarse diversos métodos, naturales o artificiales, y se realizan a nivel de los ojos de la persona enferma. El cuerpo reacciona rápidamente y, según la gravedad de los desequilibrios y el tiempo que hace que existen, en el organismo se restablece un equilibrio satisfactorio al cabo de algunas horas, días o semanas.

Y se pueden hacer con las manos y cuyas técnicas resultan de la utilización de diversos procedimientos de restablecimiento. El más autónomo, sencillo y el que ha dado hasta ahora mejores resultados consiste en el empleo de las propias manos, con las que deben ejecutarse gestos precisos delante de los ojos, respetando una orientación bien determinada. Esta orientación es la del Este.  ¿Y por qué? Un observador situado en la superficie de la Tierra y mirando horizontalmente al Este, encuentra de lleno la “atmósfera magnética libre”. Una vez adoptada esta posición, se puede actuar sobre toda la amplitud del flujo magnético que llega normalmente a los ojos con el fin de provocar las modulaciones del campo magnético necesarias para la “desmagnetización”.

La orientación hacia el Este no es una fórmula gratuita. Sabido es que en todas las religiones se considera el Este, por cuyo horizonte nace el Sol yendo a morir al Oeste, como un centro energético más potente que cualquier otra dirección. De esta manera están orientadas las catedrales e iglesias católicas construidas en la antigüedad, cuyos altares, solo hace falta observar, siempre se encuentran situados en el Este del templo.

Entonces, la técnica es bien sencilla. Consiste en utilizar los dos círculos formados por el índice y el pulgar de cada mano, en contacto. La variación del flujo magnético se realiza variando la presión ejercida entre los pulgares y los índices, lo que provoca un cambio de la resistencia eléctrica de los circuitos formados por los dedos. La posición de los dedos ha de ser en forma de anteojos. Para mayor comodidad se podrán apoyar sobre la cara. Mirando horizontalmente se empieza a realizar un movimiento pulsatorio armonioso variando la presión ejercida por los pulgares y los índices (los dedos no deben separarse en ningún momento). De esta manera se efectúan un total de 30 a 40 presiones de una duración unitaria de 2 a 3 segundos, intentando no parpadear.

A continuación, se vuelven a cerrar los ojos bajo una presión mínima de los dedos. Manteniendo los dedos en forma de círculo sobre los ojos cerrados, se procede a girar la cabeza apartándola de la orientación. Con los ojos cerrados, se retiran las manos (los dedos deben continuar cerrados) con un movimiento de traslación hacia abajo. Finalmente, se abren los ojos. La operación de desmagnetización ha terminado. Según la gravedad del desarreglo debe repetirse esta operación varios días seguidos.

Y se ha comprobado que esto puede aliviar diversos males y curaciones en los siguientes desarreglos:   insomnio, ansiedad, angustia, vértigos,  taquicardias, arritmias, asma, bronquitis, herpes, acné, verrugas, eccemas, psoriasis, estreñimiento, diarreas, úlceras de estómago, hemorragias, colibaciliosis, migrañas, dolores de cabeza, neuralgias, fatiga irrecuperable mediante el reposo, dolores intermitentes, entre otros males.

 

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