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Rasputín ¿un vidente de Dios o un demonio?


Tal vez hayas oído la historia de Grigori Yefímovich Rasputín, una mezcla entre monje y demonio cuyos asombrosos poderes y atracción que ejercía entre las gentes le permitió ser el gobernante detrás de los zares de Rusia. Adentrémonos en su fascinante y oscura historia.

Sus primeros años

Rasputín en la región del Tobolsk en la Siberia, sin educación se dedicó al pillaje. Sin embargo pronto abrazaría la fe de una secta repudiada en ese entonces: los flagelantes o khlysty. Ellos se sometían a fuertes tormentos físicos en su creencia de que así alcanzarían la fe, pero también a fiestas descomunales y orgías, lo que volvería a Rasputín un ser desordenado.

Rasputín y la monarquía rusa

Su ingreso a la monarquía rusa se dio cuando los médicos reales no podían curar las secuelas de la hemofilia que sufría el zarevich Alexei, el príncipe heredero de la dinastía Romanov. Introduciéndose a través de una amiga de la zarina llamada Anna Výrubova,  dio a conocer sus poderes ofreciendo curar al niño que en ese momento era azotado por una terrible fiebre. Se dice que Rasputín puso sus manos sobre la cabeza del niño absorbiendo todo su mal.

Cuando luego las introdujo en un cuenco con agua, esta comenzó a hervir frenéticamente. Con ello, el niño quedó sano por el momento y Rasputín se llevó a los bolsillos a la familia real, sobre todo a la Zarina, quien lo hizo su confidente y consejero por encima de todos.

Se dice que tenía un poder en su mirada que literalmente podía matar. Se cuenta que un día, una mujer empezó a burlarse de él acusándolo de charlatán. Con tan solo mirarla, convirtió a la mujer en un ser demente.

Sin embargo, su poder también podía curar. Rasputín prefería a las mujeres por ser más vulnerables y además proclives a ceder a sus favores sexuales. Sus escándalos con mujeres de todas las clases sociales y su intromisión en la vida política rusa le granjearon finalmente su final.

El final y las cartas

El príncipe Félix Yusupov y otros aristócratas planearon su muerte cansados de su influencia sobre los zares, pero Rasputín lo había presentido y escribió unas cartas a la zarina lanzando lo que se considera su predicción más extraordinaria:

“Si soy muerto por gente del pueblo de Rusia, entonces la dinastía del zar previvirá, pero si me matan miembros de la aristocrácia, el reinado del zar morirá y se teñirá de sangre”.

Con engaños, Rasputín fue invitado a una cena en donde lo envenenaron con una pócima capaz de matar a un regimiento, pero increíblemente él estaba sano. Aterrados, y tras dispararle y golpearlo, no moríría, sino hasta ser acribillado y arrojado atado al río Neva. Se dice que su muerte se dio por ahogamiento y no por ninguno de esos tormentos.

Luego de ello se cumpliría la profecía: surgiría la revolución bolchevique y se terminaría el reinado de los zares. La familia real moriría asesinada. Increíble, ¿no?

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