La doctrina del Magnetismo Animal


El mesmerismo (en francés mesmérisme) también conocida como la doctrina del «magnetismo animal», se refería a un supuesto medio etéreo postulado como agente terapéutico por primera vez en el mundo occidental por el médico Franz Mesmer (1733-1815) proveniente de Alemania. Fue un término muy usado en la segunda mitad del siglo XVIII. Nacido en Alemania en 1734, Franz Anton Mesmer estudió medicina en la Escuela de Viena y obtuvo su diploma en 1766. Por esta época ya era doctor en filosofia. Abre su consulta en Viena y, en 1772, comienza a experimentar con el método magnético en sus pacientes. Se apoya en el postulado de que existe un fluido universal que interactúa con los cuerpos celestes y otros cuerpos animados.


Esta influencia mutua tiene como resultado un flujo y un reflujo que actúan sobre los hombres, insinuándose en la sustancia de los nervios. De acuerdo con esta teoria, todas las enfermedades provienen de una mala repartición de este fluido al interior del cuerpo. Al ser la unión entre el hombre y el universo del mismo tipo que aquella existente entre los objetos imantados, sólo se necesita drenar dicho fluido por medio de un imán (magnetismo mineral) para restablecer el equilibrio en el organismo.
Mesmer trata a sus pacientes aplicándoles, en primer lugar, imanes que hace fabricar por los obreros del Observatorio de Viena, a fin de que se adecuen a las diferentes partes del cuerpo. Luego, utiliza la imposición de las manos y abandona los imanes. Pasa así del "magnetismo mineraP al "magnetismo animal".

Controversias y éxitos

La terapéutica de Mesmer consiste en una imposición de las manos o "traspaso" localizada o general, dependiendo de la enfermedad. Esta debe devolver la tonicidad nerviosa a los pacientes y eliminar dolores y tics nerviosos. El primer relato sobre este tratamiento se refiere a un tal Osterwald, miembro de la Academia de Baviera, a quien Mesmer habría sanado casi milagrosamente de una parálisis y de una ceguera totales. Pero el hospital general de Viena rehúsa autentificar esta curación.

Es la primera confrontación entre Mesmer y la medicina oficial, la que negará siempre toda legitimidad a sus prácticas. Mesmer parece, sin embargo, obtener resultados. El gran duque de Baviera, Maximiliano José, le invita dos veces a Munich para que exponga su método. Y se vuelve realmente famoso con la curación del barón Horka, que sufría de espasmos en la faringe y a quien ningún médico había podido sanar hasta entonces.
Pero en 1775, la Academia de Berlín publica una carta en la que trata al magnetismo de mistificación. De todos modos, Mesmer continúa con sus tratamientos. Sin embargo, después de muchos fracasos y de la continua oposición de los médicos, abandona Viena en 1778 y se instala en Pans. Al año siguiente, la publicación de su Memoria sobre el descubrimiento del magnetismo animal despierta una enorme curiosidad y le asegura el éxito.

La "cubeta" de Mesmer

Al observar que las propiedades del imán pueden transmitirse a otros objetos, por ejemplo a la barras de fierro, Mesmer piensa que el magnetismo animal podría también transmitirse, en particular, al agua. Es así que inventa su famosa "cubeta" y desarrolla experimentos de «magnetismo colectivo". Este magnetismo colectivo puede alternarse con el "magnetismo individuaP que puede practicarse en el domicilio del enfermo. Entonces, Mesmer se lanza a practicar manipulaciones que se limitan al órgano enfermo del paciente.
En general, prescribe muy pocos medicamentos. Entre los años 1783 y 1784, el mesmerismo se transforma en la curación "de rnoda" y es entonces que la Facultad de Medicina obtiene que se dicte una prohibición de las sesiones, lo que despierta la cólera de- los pacientes y de la opinión pública. Debido a este asunto, Luis XVI decide crear dos comisiones para que se encarguen de estudiar el fenómeno.
Su veredicto no tiene apelación. Su conclusión es que el fluido universal no existe e insisten sobre el papel que juega la imaginación en la práctica del magnetismo. Un último informe señala que el mesmerismo puede ser peligroso para las costumbres por sus connotaciones sexuales (debido al contacto que se requiere para la imposición de las manos).

Del magnetismo al hipnotismo

Desengañado y en vista de que la práctica del magnetismo le estaba prohibida a pesar de las curaciones atestiguadas por los enfermos, Mesmer se retira a Constancia, donde vive apaciblemente hasta su muerte, en 1815. Pero sus discípulos, entre ellos el marqués de Puysegur, continúan con su obra. En 1784, Puysegur se sorprende al ver que sus pacientes se duermen cuando les hace la imposición de las manos. Es así como descubre el fenómeno del sonambulismo artificial, el que llama "sueño espasmódico".
El cirujano inglés James Braid reemplaza en 1843 la palabra sonambulis~ mo por hipnotismo. Finalmente, el profesor Charcot (1825-1893), un neurólogo que ejerce en el Hospital de la Salpetriere, utiliza a su vez el hipnotismo en sus terapias. El mesmerismo, fuertemente atacado por los médicos durante la vida de su creador, conoce entonces una larga descendencia en el seno de la medicina oficial.

La teoría del fluido universal

Mesmer postula la existencia de un fluido universal. Según él, existe una influencia mutua entre los cuerpos celestes, la Tierra y los cuerpos vivientes. Esta influencia se ejerce por medio de un fluido que se extiende por el universo sin dejar vacío alguno. En esta teoría se muestra heredero de varios autores y filósofos como Platón, con sus ideas de¡ alma de¡ mundo y de la materia prima; también de Aristáteles, con su doctrina M quinto elemento llamado "éter" o "primer cuerpo".
Estas teorías, retornadas por el hermetismo, dan origen a la noción alquimista de fluido. Para los alquimistas, la materia prima es un caos, una sustancia absoluta y omnipresente. La energía universal, al unirse a ella, forma al mundo y a todos los seres que lo habitan y se transforma en el principio vital único.
El médico y alquimista suizo Paracelso (1493-1541) estima de este modo que la luz tiene actividad y su acción se ejerce sobre el caos primitivo y ve en el aura, desdoblamiento síquico del cuerpo humano, una manifestación del principio vital universal. La doctrina espiritista otorga un lugar importante a la noción de fluido, ya que éste llega a ser el agente intermediario del que se sirven los espíritus para manifestarse al mundo sensible. El espiritismo moderno le da un nombre más científico, utilizando el término de onda o de radiación.

Las "cubetas" de Mesnier

Mesmer trata a sus pacientes alrededor de las cubetas, transfomadas en una suerte de aparatos que distribuyen el magnetismo. Para ello, se sumergen imanes y una mezcla de limaduras defierro, vidrio molido y azufre en recipientes de agua unidos entre sípor alambres. Los pacientes deben bundir en ellos varillas defierro arliculadas, las que pueden dirigir sobre sí mismos y sobre las partes enfermas de su cuerpo.
Del mismo modo, deben tomarse de las manos para recibir las ondas de corTiente magnética y formar así una cadena. Es necesario que la sesión colectiva se realice en la penumbra y en silencio, y todos deben permanecer inmóviles. Sólo Mesmer se mueve en la babitacíón, imponiendo las manos sobre los pacientes o tocándolos con una varilla. Sin embargo, algunas veces se permite que baya música.

Un poco de historia

Mesmer es considerado como el padre de la hipnosis moderna. Fue el primer occidental en creer en la capacidad de toda persona para curar a su prójimo usando el hipotético «magnetismo animal».
El mesmerismo es, usando las mismas leyes, el fenómeno opuesto a la moderna hipnosis. La hipnosis tiende más al dominio del sujeto, y muy a menudo los hipnotizadores terminan por injertarles vicios morales, quizás inconscientemente a sus sujetos. En cambio el mesmerismo, basado en la creencia del "Magnetismo animal" (o sea, en otras palabras la hoy tan conocida sugestión) se encaminaba más al cuidado del paciente. En sus inicios, Mesmer, en su establecimiento curativo fundado en Viena, no sólo usó el magnetismo animal, sino que también empleó electricidad, metales y maderas.
Quizás sus creencias tenían un ligero vaho, proveniente de la tradición europea de la alquimia. Él creía que todo el universo se había desarrollado de una sustancia homogénea primordial, luego diferenciada en la diversidad que conocemos. Luego entonces, la madera, metales, piedras, plantas que él usaba se basaban en la afinidad con el cuerpo del enfermo, más directo aún, en la afinidad y correspondencia de los átomos y mediante el uso ya sea interno (bebidas) o externo (brazaletes y otros debidamente magnetizados) de este agente, el paciente recibía fuerza adicional para combatir la enfermedad. Según es reportado, Frankz Mesmer hizo muchas curaciones para su tiempo Pero fue en 1774 cuando realmente dio con el secreto del magnetismo, y quedo tan altamente interesado que abandono el uso de imanes naturales.
Fue aquí cuando le dio el conocido nombre de magnetismo animal y la nueva fuerza fue entonces empleada por toda Europa a través de multitud de seguidores. Alrededor de 1780, Mesmer ya se había instalado en París; aquí atendió a muchos.

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