Engaños Sensoriales: Las Alucinaciones


Una alucinación consiste en la percepción a través de cualquiera de los sentidos de personas o cosas no presentes realmente en aquel momento. Implica la atribución imaginaria de realidad actual de lo percibido y puede referirse a estados internos del propio cuerpo y del yo.


Pero no solo la interpretación errónea de la realidad es exclusiva de personas con algún tipo de trastorno psicológico, sino que también es más habitual de lo que podemos suponer en personas sin ninguna enfermedad mental. Se trata simplemente de un error a la hora de decidir la procedencia de los hechos.

Tipos de alucinaciones

  • AUDITIVAS.- Percepción falsa de sonidos, normalmente voces que comentan. Voces originadas dentro o fuera de la cabeza. Son las más frecuentes en los trastornos psiquiátricos.
  • GUSTATIVAS.- Alucinación que implica la percepción de sabores (habitualmente desagradables).
  • OLFATIVAS.- Implica la percepción de olores, por ejemplo de goma quemada o pescado podrido.
  • SOMÁTICAS.- Alucinación que implica la percepción de una experiencia física localizada en el cuerpo (algo así como una sensación de electricidad).
  • TÁCTILES: Percepción de er tocado o de tener algo bajo la propia piel, Las alucinaciones táctiles más frecuentes son sensaciones de descargas eléctricas y de hormigueo (la sensación de que algo se mueve bajo la piel).
  • VISUALES.- Ver imágenes estructuradas o imágenes informales.

El engaño de los sentidos

Cuando percibimos el mundo que nos rodea lo que hacemos es interpretar la información que llega de nuestros sentidos. Esta interpretación, normalmente, coincide con la realidad que tenemos delante, pero también está plagada de errores o engaños sensoriales, bien sean ilusiones o alucinaciones, que nos hacen ver el mundo de manera distinta a como es.
En las ilusiones los órganos sensoriales captan la realidad objetiva pero se produce un error cuando interpretamos las características sensoriales de lo que vemos u oímos (por ejemplo, en la estimación del tamaño o color de un objeto). Por el contrario en los fenómenos alucinatorios se produce tanto un error al interpretar las características de lo que percibimos como al atribuir la procedencia u origen de lo que se percibe (se tiene conciencia de un hecho que no existe, por lo menos fuera de nuestra mente). Así, mientras que en las ilusiones lo que vemos u oímos es real, pero interpretado erróneamente, en las alucinaciones lo que vemos u oímos como algo externo a nosotros mismos simplemente no existe.

Contactos con seres sobrenaturales

La historia de la humanidad se encuentra llena de alusiones, que desde un punto de vista u otro, hacen referencia directa a un tipo de fenómenos "perceptivos" que podrían ser etiquetados como experiencias alucinatorias.
En la Grecia clásica, las alucinaciones eran sucesos habituales entre sus gentes. Los antiguos griegos atribuían erróneamente sus propios pensamientos a mensaje de los dioses y espíritus. Del mismo modo, distintos pasajes de la Biblia, relacionados con visiones y mensajes de ángeles, santos, e incluso de Dios, se pueden interpretar como experiencias alucinatorias, del tipo auditivo o visual.
Posteriormente, durante toda la fase oscurantista de la Edad Media, las experiencias alucinatorias pasaron a considerarse, en muchos casos, como signos de posesión diabólica y a sus sufridores, a veces epilépticos, como endemoniados. Todo ello fue reflejo directo de la importancia que para la Iglesia empezaron a tener las alucinaciones. Así, para los escolásticos de la época, como Tomás de Aquino (1.125-1.274), los visionarios y sus visiones eran cuestiones fundamentales. Y se llegó a establecer una serie de criterios para averiguar si estos fenómenos eran originados por el demonio, por Dios o por causas naturales.
A partir de finales del siglo XVI, con una perspectiva médica, se consigue dejar prácticamente fuera de las concepciones de brujería y posesión diabólica en la explicación de los fenómenos alucinatorios para pasar a considerarse como un síntoma de enfermedad mental. Precursora de este cambio fue Teresa de Ávila quien, además de tener experiencias místicas que podrían identificarse como cercanas a las experiencias alucinatorias, en su libro "Castillo interior" menciona la posibilidad de que los visionarios no tengan una responsabilidad directa en sus visiones.
Durante el siglo XVIII se produce un cambio en la concepción de las alucinaciones, Francis Galton (1.883) basándose en un amplio y extraordinario estudio sobre las diferentes formas de las imágenes mentales resalta la idea de que las alucinaciones es un tipo de imagen mental que no tiene una asociación directa con las enfermedades mentales sino que, por el contrario, podría sucederle a cualquier persona bajo determinadas circunstancias.
La elaboración, a finales del siglo XIX, de los primeros sistemas clasificatorios de diagnóstico psiquiátrico trajo la incorporación de los "síntomas" de la locura" a los distintos cuadros o entidades psiquiátricas. Como consecuencia directa de estos hechos, las alucinaciones pasaron a ser un mero síntoma, mas o menos principal o primario, de los distintos cuadros de enfermedad mental.
Mientras tanto, la psicología, a raíz de los estudios de Galton, comienza a interesarse por las alucinaciones investigando su aparición en diferentes poblaciones y circunstancias, sin establecer una relación directa con la presencia de enfermedades mentales. A partir de ese momento, las alucinaciones dejan de ser un mero componente de las enfermedades mentales para convertirse en fenómenos psicológicos de la conducta humana, tanto patológica como normal.

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