La profecía y la buenaventura

La predicción del futuro ha sido siempre una preocupación habitual, practicada con los más diversos medios, desde estudiar el firmamento o las entrañas de los animales hasta interpretar formas fortuitas en monedas, cartas, dados o bastoncillos, como en el libro de sabiduría chino I Ching. El vidente europeo más notable fue Nostra­damus (1503-66), médico y astrólogo francés que escribió más de 600 oscuros versos que han sido interpretados como los predicción precisa de la Revolución francesa y de otros importantes acontecirnientos.

En el siglo XVIII habían caído en desuso métodos de adivinación más extraños y antiguos, como la cefalomancia (crepitación de una cabeza de burro ardiendo), la hidromancia (ruido de una corriente de agua) y la onicomancia (reflejo en las uñas de una muchacha virgen untadas con aceite). Pero aún seguían usándose las cartas del Tarot y muchos otros métodos tradicionales de predicción. Algunos gitanos convirtieron en oficio la interpretación de cartas, sueños, bolas de cristal, hojas de té y palmas de las manos.

A mediados del S. XIX se avivó el interés por la antigua creencia de que los espíritus de los muertos pueden a veces verse u oírse. La invención de la fotografía dio fuerza a la idea de que los fantasmas eran almas en pena atrapadas entre este mundo y el otro, ya que en la película revelada se apreciaban a veces unas formas fantasmagóricas. Los espiritistas creían que una persona psíquicamente muy sensible, llamada médium, podía alcanzar un estado de trance en el que recibía mensajes de los difuntos.

PARTICIPAR EN ESTE BLOG