El misterio de la Virgen de Guadalupe


Hallazgos, preguntas y una inmensa devoción siguen rodeando el manto de la Virgen de Guadalupe aparecida al indio Juan Diego en épocas de colonización española en México. Luego del Vaticano, su basílica es la más visitada. ¿Por qué tanta fe? ¿Cuál es su historia? ¿Qué dicen los científicos? Un fenómeno religioso que moviliza a peregrinos de todo el mundo.

A primera vista, quienes se encuentran con la imagen de la Virgen de Guadalupe, creen que se trata de una pintura y preguntan por su autor, pero no existe tal cosa. Los creyentes se atreven a decir que fue pintada en el cielo. Y no sólo por su historia, sino también por los numerosos estudios científicos a los que fue sometida la imagen, que dieron, y siguen dando, resultados inexplicables desde una mirada racional. Los científicos americanos, Smith y Callaghan, de la Nasa, tras estudiar el manto, no encontraron explicación acerca del origen de la obra ni rastros de pinceladas. El Dr. D. Ricardo Kühn, premio Nobel de Química, admitió que no halló en el manto colorante alguno, ni animal, ni vegetal, ni mineral, ni sintético. “Se trata de un colorante desconocido”, aseguró. Don Francisco Camps Ribera, experto en técnicas pictóricas, observó que la tilma (manto) no había sido preparada para pintar sobre ella, algo que “ningún artista humano hubiera elegido”.

Tampoco se explica cómo la tilma se sigue conservando desde 1531, ya que está constituida por fibra vegetal de un cactus que no dura más de 20 años. Además, en los inicios, la imagen era expuesta a la intemperie, acariciada constantemente por los fieles.

En 1921, sufrió un atentado cuando un hombre dejó una bomba, oculta entre unas flores al pie del altar. La explosión destruyó cristales, hizo volar candelabros, dañó el altar y retorció una cruz de bronce. Sin embargo, el cristal de la Virgen no se rompió y la imagen no sufrió daños. Hoy, los mejicanos veneran de un modo especial esa cruz de bronce, expuesta en la basílica, por “proteger a su Santa Madre de tan perverso atentado”.

En cuanto a los ojos de la Virgen, más de una decena de oftalmólogos los han investigado. El Dr. Enrique Graue, director de un hospital oftalmológico en México, los examinó con oftalmoscopio de alta potencia y aseguró apreciar en ellos “la profundidad de un ojo vivo”. En los ojos aparece el efecto Púrkinje-Sánsom: se triplica la imagen en la córnea y en las dos caras del cristalino, un fenómeno exclusivo del ojo vivo. Luego, el Dr. Carlos Salinas halló la imagen de un hombre reflejada en los ojos de la Virgen (el hombre sería Juan Diego). Años más tarde, el Dr. José Aste Tonsmann, quien escribió un libro sobre el tema, descubrió en una córnea de siete milímetros, la escena que la Virgen tendría delante de sí, en el momento del milagro, conformada por un grupo de doce personas.

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