Haz el Bien mas de lo que lo haces habitualmente


Hace unos cientos de años vivió un posadero que siempre ofrecía a los eruditos, los sabios y los maestros un lugar limpio en el que alojarse y una comida caliente que llevarse a la boca. Más tarde en su vida, sintió la necesidad de estudiar espiritualidad y sumergirse en la meditación y la oración. Entonces decidió entregarle la posada a su hijo para poder alcanzar lo que él concebía como una vida más espiritual.

Su hijo tenía una mente más de negocios que caritativa, y a medida que pasaba el tiempo se hacía cada vez más evidente que no iba a seguir los pasos compasivos de su padre.
Uno de los kabbalistas más grandes de aquella generación buscó al viejo posadero hasta encontrarle y le preguntó sobre el cambio repentino en la administración de la posada. El posadero explicó: "He cuidado de esta posada durante décadas, tal como mi padre hizo antes de mí. Pero ahora, a mi edad, me preocupa mi propio desarrollo espiritual y quiero tomarme tiempo para conectar con el Creador antes de que mi tiempo se acabe en este mundo".

A eso respondió el kabbalista: "Cuando las personas venían a tu posada tú las invitabas a pasar, las alimentabas y les ofrecías un lugar respetable en el que descansar de su viaje. Éste, amigo mío, era tu propósito en este mundo. Cuando llegues arriba, nadie te preguntará por qué no memorizaste los textos antiguos o alcanzaste la grandeza espiritual".
"Tú viniste a este mundo para ayudarnos a todos a hacer nuestro trabajo. Y debido a que nos permitiste hacer mejor nuestro trabajo, tú recibes todas las bendiciones, la energía y la conexión con el Creador, del estudio y el trabajo espiritual que nosotros realizamos. Para ti, cien años de estudio no revelarán tanta bondad ni Luz como una noche de la atención que diste a estos sabios".

El posadero agradeció al kabbalista y regresó a trabajar en la posada. Cultivó en su hijo un respeto por la espiritualidad, así como una gran enseñanza.
Todos y cada uno de nosotros tenemos una tarea específica en este mundo. Si cumplimos esta tarea, revelamos el máximo de Luz para nosotros mismos y para el mundo. No todo el mundo está destinado a ser un erudito o un guía espiritual. Cada persona tiene que encontrar su sitio, su pieza única del rompecabezas, en la que hace y da lo mejor de ella.
A menudo, eso se lleva a cabo de la forma más ordinaria, y en lugares ordinarios.

Siempre nos fijamos en aquello que no estamos haciendo. En vez de eso, considera cómo puedes hacer más bien en lo que estás haciendo.

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